Uno de los principales indicadores del progreso de una sociedad consiste en cómo facilita y mejora las condiciones de vida de sus miembros, especialmente cuando los depositarios de esta atención son ciudadanos no activos desde un punto de vista laboral, como son nuestros mayores, que después de una larga trayectoria, tanto personal como profesional, merecen que se les ofrezca una vida tranquila y con las mejores prestaciones.

La atención profesional a las personas de la tercera edad no solo tiene un beneficio directo sobre ellos, sus familias también se ven beneficiadas a nivel laboral, técnico y emocional, ya que les da la seguridad de que sus familiares reciben una atención intensiva y con las máximas garantías.